Huyó al fin de sí mismo

Murió el eterno superviviente. Antonio Vega, uno de los grandes
compositores de nuestro tiempo, ensimismado autor de un puñado de
frágiles himnos generacionales y artista en perpetuo combate contra la
heroína y el malditismo, falleció ayer en la clínica Puerta de Hierro
de Madrid.

Y esta vez fue verdad. La muerte de Antonio Vega, anunciada tantas
veces por los agoreros, cayó como una bomba. "Era el más grande",
acertó a decir roto por el dolor Ángel Valverde, algo más que el tipo
de la discográfica (Warner) que trabajaba con él. En las emisoras de
radio volvían a sonar sus inolvidables canciones con La chica de ayer al frente.

Vega,
que nunca ocultó su relación con las drogas y que descuidó su salud
hasta límites que sólo una persona tan fuerte como él pudo aguantar
tanto tiempo, mantuvo hasta el final su actividad como compositor.
Preparaba un disco en directo con canciones nuevas y la editoral
Demipage lanza ¿Y si pongo una palabra?, un libro que recopila parte de su emblemática obra en poemas-caligrama.

A
lo largo de los últimos días, la habitación del área de Oncología donde
se encontraba internado se convirtió en un reguero de músicos que se
negaban a aceptar lo inevitable. "De otras peores he salido", les dijo
a sus amigos. Antonio Carmona, Rosario o Fernando Illán, por citar a
algunos, pasaron por el centro hospitalario. El músico, que se
encontraba rodeado de sus hermanos y de su novia en el momento de su
muerte.

Hasta que canceló sus actuaciones, el músico se mantuvo embarcado en
una gira por teatros, arropado por una sólida banda en la que brillaba
Basilio Martí, que además de amigo era su responsable musical. Fue en
Bilbao el pasado marzo, donde estrenó una de las últimas composiciones:
Antes de haber nacido.

Sus seguidores adoraban a Antonio
Vega (Madrid, 1957). Fue el gran renovador de los textos en el rock
español. Amable con quienes le pidieron colaboraciones, seguramente
Vega fuera un punki en el sentido más estricto de la palabra. De
verdad, hasta el final. Treinta años de dependencia y fuerzas para
poder contarlo dan mucho de sí, especialmente si se trata de alguien
con tanta sensibilidad. Desde Nacha Pop, el grupo con el que disfrutó
las calles de Madrid en los ochenta, el músico encontró una forma de
expresión que para sí quisieran otros. Se convirtió en uno de los
artistas más imitados. Lucha de gigantes -canción que incluía la banda sonora de la película mexicana Amores perros-, Una décima de segundo o El sitio de mi recreo
son ya clásicos del pop. Muchos músicos sueñan con escribir como él o
se han convertido en sus alumnos. En su haber se cuentan más de un
centenar de canciones y sus cuadernos garabateados con ideas y dibujos
son tan célebres como inexistentes por el abandono de alguien que
cuidaba tan poco de sí mismo.

Para algunos críticos se trata de
alguien equiparable al Serrat de los años setenta. Sus temas reflejan
su forma de vivir. En sus canciones todo transcurre deprisa. Sus letras
son atemporales, todo podría ser imaginario o autobiográfico. Los
textos carecen de sujetos, de ellos no se desprenden apenas referencias
geográficas ni modas a las que agarrarse. Nunca hablan de la muerte.
"Cada uno hace una lectura particular de mis canciones y encuentra allí
cosas que nunca estaban en mi intención", contó en una entrevista.
Muchos han querido descubrir en sus letras claves que remitan a la
heroína. Sólo admitió el guiño en Se dejaba llevar por ti.

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de summersvega Publicado en Música

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