Homenaje a Antonio Vega en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid


Antonio Vega cataliza la beatificación de la movida madrileña


El recital reunió a las generaciones anterior, coetánea y posterior a la gran cosecha de los 80.
Toda iglesia necesita su santoral. La de la movida madrileña contaba ya con dos santos notables, Enrique Urquijo – elevado a la peana el 17 de noviembre de 1999, con toda la pompa y circunstancia del moderno malditismo toxicómano-,motor de Los Secretos y de una de esas canciones que son himno, Déjame; y Carlos García Berlanga, – que dejó este mundo, el 5 de junio del 2002, como lo paseó, de forma menos moderna y luctuosa, aferrado a esa lánguida y elegante discreción decimonónica como arrancada de unos versos de Wilde: “de larga enfermedad hepática”-,que fue padre y madre de Kaka de Luxe, los Pegamoides y Dinarama. Pero por impacto entre la feligresía, el gran patrón fue el que anoche recibió homenaje en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid – retransmitido en los cines Yelmo Icaria de
Barcelona y Yelmo Sant Cugat-:Antonio Vega, cerebro de Nacha Pop y autor de la canción triste más recordada, radiada y repetida de toda la década de los ochenta: La chica de ayer
.


Abrió la noche un videoclip con diversas imágenes del cantante mientras sonaba Tres mil noches con Marga. Posteriormente, rompió el fuego el Gran Wyoming con su versión de Antes que salga el sol. Después, llegó uno de los momentos más emotivos de la noche, cuando el periodista Santiago Alcanda recitó varios poemas inéditos de Vega. Con el ambiente ya muy caldeado, Rosario, una gran amiga del cantante, entonó con enorme corazón El sitio de mi recreo. Al final,  todos los participantes salieron al escenario para cantar La chica de ayer, uno de los himnos canónicos de Nacha Pop.

Con Antonio Vega, al que anoche rendían tributo una veintena de artistas, muchos de la época y algunos otros arribados luego, ha habido durante los últimos veinte años una unanimidad singular. De hecho, el taciturno y blanquecino músico ya era beato mucho antes de su fallecimiento, acaecido el 12 de mayo del 2009, y su figura, de cuerpo presente – o sea, vivito y coleando-, ya había sido objeto de multitud de homenajes, en forma de concierto, disco o libro, como si su convulsa biografía y hábitos urgieran un reconocimiento para que luego no se dijera que sólo se habla bien de los vivos cuando muertos.

Encabezados por su primo, Nacho García Vega, que dirigía los oficios, estaba allí representada la generación precedente, a modo de cabildo catedralicio, con Miguel Ríos y Luis Eduardo Aute, la contemporánea, con Manolo García, Burning, Tam Tam Go!, La Unión, Germán Coppini, y el eterno niño Coque Malla – en plena forma, por eso-,hasta fenómenos de las décadas posteriores como Ketama, Pau Donés, Cómplices o Aurora Beltrán.

No era la primera vez que el Palacio de los Deportes cobijaba una ceremonia mística radicada  en los ochenta. Hace dos años, Bruce Springsteen convirtió el espacio en un ritual precristiano de exaltación de la vida, casi una ceremonia tribal de celebración de la fecundidad.

Lo de ayer fue un ceremonial oportuno cuando acaban de cumplirse 25 años del cierre de la sala Rockola. Fue, háganse la idea, como juntarse a brindar por lo bien que estuvo todo aquello y “las risas que nos hacíamos antes todos juntos”. Aunque Celtas Cortos no estaban.



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de summersvega Publicado en Music

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